miércoles, 19 de enero de 2022

Vacaciones de verano

Esta semana Tracy, desde su blog y dado que se celebra el Día Internacional del Abrazo, nos invita a participar en un relato que trate sobre el mismo.

Si queréis leer más participaciones, pinchar aquí.


Este es mi relato (360 palabras)


Vacaciones de verano


El abrazo es tan importante como respirar. Se habla mucho de besos, pero el abrazo tiene algo especial.

Eva, se sentía sola, tenía dificultades motoras y era una persona algo introvertida. Se relacionaba pero no lograba conectar con la gente. No obstante alguna amiga sí tenía, no era un ser totalmente aislado y solitario.
Eva ya había decidido vivir sola sin necesidad de ser evaluada cada vez, tenía miedo a ello, pero también lo tenía a la soledad. Entonces, un día decidió adoptar un perrito de color miel muy juguetón, el cual la seguía a todas partes. Había encontrado a ese fiel amigo que no le pedía nada a cambio y a quien no tenía que demostrar nada, excepto cariño, el cual le devolvía multiplicado por dos.
Ella se sentía más feliz y tal vez por eso la gente empezó a acercarse a ella un poco más. La invitaron a ir al cine o a ver algún monólogo, el caso era salir un poco más de casa y tener una visión algo más amplia que la de las paredes de su casa y de las mismas calles de siempre.
Se acercaban las vacaciones de verano, un mes para hacer algo diferente. Todos tenían sus planes y los contaban con mucha ilusión, pero ella...¿Qué haría ella?. Nadie contaba con ella.
Llegó el día y al terminar la jornada fueron a celebrarlo, a comer todos juntos. Todo transcurrió con gran alegría y alborozo. A la hora de despedirse comenzaron a abrazarse, pero...Nadie fue capaz de abrazarla a ella, no podía sentir ese calor ni por un momento.
Al llegar a casa, las lágrimas ya recorrían a grandes mares sus mejillas. Se paró delante del espejo y se desesperó aún más viendo a aquella extraña chica sola y sin consuelo. De repente hasta el espejo pareciera llorar, era la imagen de la desesperación. Dos brazos salieron de aquel espejo y la abrazaron fuertemente. Ella se sobresalto, pero era tanta la paz y la calidez que sintió que se relajó. Era ella la que se abrazaba, no estaba sola. Entonces se dio cuenta de que si empezaba a quererse, todo era cuestión de tiempo.


© José Luis Asensi        19/01/2022

jueves, 13 de enero de 2022

Ojalá. A veces se cumple

Esta semana, Inma del blog “Molí del Canyer” nos invita a participar en un relato que lleve esa palabra que es un deseo, un ojalá.

Si queréis leer más relatos pinchar aquí.




*Yo voy a hacer un relato, diferente, que no trata de los ojalá que yo pueda tener, porque me dejo guiar sólo por el momento, pues lo prefiero a dejar los ojalá en el cajón del escritorio.




Este es mi relato


Ojalá. A veces se cumple


Cuántos ojalá quedan en el olvido sin cumplir. Un ojalá es como un deseo, pero los deseos los lanzamos sin esperar respuesta, hasta que la hay.
Cada día Alexander salía al jardín y pedía el mismo deseo “Ojalá no hubiera pasado y estuvieran aquí”
El era un niño, un niño que se había quedado solo, ya que sus padres y su hermana... ¡No, no quería recordar!. Qué tragedia aquella, él viajaba con ellos en aquel carruaje tirado por cuatro hermosos equinos blancos, pero todo pasó en un instante, tal vez segundos. Él no quería recordar aquello, pero cada día salía a aquel jardín de estilo inglés y pedía cerca de aquel estanque aquel deseo, siempre con la misma exclamación “Ojalá no hubiera pasado y estuvieran aquí”.
No se sabe si a fuerza de desear las cosas ocurren, pero de repente se vio jugando con su hermana, sus padres tomando el té cerca de ellos en sendas hamacas leyendo.
Todo idílico, todo bonito. Era su infancia, era su familia, eran aquellos juegos.
De repente se dirigió a su hermana y le habló:
-¿Jugamos al escondite?
Pero su hermana permanecía inmóvil, callada, como ausente...
Le volvió a hablar:
¿Por qué no me contestas?. Si quieres jugamos a otra cosa, lo que tu prefieras.
Pero ella seguía de la misma manera, ajena a todo.
Se dirigió a sus padres:
-Margaret no me contesta, parece enferma.
Sus padres seguían leyendo como si nada ocurriera.
Pero él seguía viendo aquel jardín, aquel lago y aquella estampa familiar inmóvil.
Él los veía, deseaba aquello, lo que antes tenía y que un fatal accidente le arrebató, pero algo fallaba, algo no era igual, algo muy importante. Y es que aquella escena no tenía movimiento.
Entonces vio aparecer al mayordomo y le inquirió sobre aquello tan extraño.
El mayordomo intentó ignorarlo, no hacerle caso, pero le conmovió la soledad de aquel niño y le contesto:
-¿Qué es lo que quiere saber el pequeño Alexander?.¿No sería mejor que entrara en la casa?
-Yo pedí muchas veces un deseo, pero aunque se haya cumplido, no es un deseo completo.
-Un deseo en vida, es un deseo vivo. Un deseo en muerte, es un deseo muerto.
-¿Qué quieres decir?
-Lo que ve es una ilusión del pasado. Nadie lo puede ver, usted tampoco a ellos.
-Yo sí los veo.
-No, no puede, sólo ve una imagen de aquello que fue. Ellos están muertos y usted también, pero en una dimensión diferente. Yo los veo a todos y hablo con todos porque estoy entre sus dos mundos paralelos, los que han llegado definitivamente y los que están en camino pero se resisten, como usted pequeño Alexander.


© José Luis Asensi 13/01/2022 

martes, 11 de enero de 2022

Rovaniemi

Nada más comenzar el año de los tres patitos, y con la alegría de su vuelta, Ginebra Blonde nos propone desde su blog “Variétés” un reto en forma de relato a partir de unos deseos, que pueden ser: Algo que hacer, algo en lo que soñar y alguien a quien amar.

Pinchando aquí podreís acceder al blog de Ginebra y cuando se publiquen, poder leer otras participaciones.

Yo he elegido para mi relato, algo que hacer.


Este es mi relato:


Rovaniemi


Siempre comienza igual, suenan doce campanadas, se comen las mismas uvas, doce, se brinda con un poco de cava y se pide un deseo, en este caso era algo que hacer, como viajar. Eso era, un viaje!. Un poco de aventura o simplemente conocer otros lugares.
Así es que, lo planeé bien, minuciosamente diría yo, pero nada es perfecto.
Y llegó el día, casi un año después, en el que un avión me llevaría hasta el aeropuerto de Rovaniemi, ese lugar al que se le atribuye una leyenda celebrada en todo el mundo, en la región Sami o Laponia, nombre este último como se le conoce en occidente.
Era Diciembre. Un frío glaciar, nunca mejor dicho me acompañaba desde que salí del avión. Cómo no la aventura que tenía pensada era poder ver la aurora boreal, desplazarme con trineo tirado por renos y alojarme en una cabaña. Claro está no podía faltar esa visita a Papá Noel. No, no se me había olvidado.
Y todo fue más o menos así, la cabaña a unos kilómetros de la ciudad, el trineo, los renos y...una noche... el gran milagro boreal, la aurora. Todo un espectáculo increíble en ese cielo nítido donde esos vientos solares tomaban un colorido de extraordinaria belleza.
Faltaba esa visita a Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás… Diferentes nombres para un sólo personaje, el cual o su leyenda regala sueños a los niños y también a los adultos. ¿Por qué no?. Todos llevamos un niño dentro, lo importante es sacarlo a pasear.
Una noche, ya dormido en la cabaña, tuve un sueño. Era tan real…
Viajaba en trineo tirado por renos, pero no me deslizaba, volaba, me desplazaba por los cielos de todo el mundo, dejando alegría y sonrisas. Volaba y atravesaba esa aurora boreal tan maravillosa y de repente me acordé, había dejado regalos por todo el mundo, pero faltaba el mío y estaba a punto de despertar. Pero...¿No estaba en Laponia?. ¿No estaba viajando en un trineo?
Que extraño todo, y encima el regalo era para mí. ¿Qué regalo era ese?. Oh no!. Era el viaje que tenía programado al país de Papá Noel. Me moví inquieto en la cama, muy inquieto, tanto que desperté sobresaltado. Abrí los ojos y estaba en mi casa, a punto de sonar el despertador y con todo preparado para, desayunar, ducharme, vestirme e irme al aeropuerto para coger el vuelo que me llevaría a mi aventura en Rovaniemi.


© José Luis Asensi      11/01/2022

miércoles, 5 de enero de 2022

Soy Melchor

 

Esta semana, Dorotea, del blog “Lazos y Raíces, nos propone crear un relato sobre los Tres Reyes Magos o de alguno de ellos, ya que estamos cerca de una de las manifestaciones de la Epifanía de Jesús.


Si queréis leer más aportaciones, pinchar aquí


Este es mi relato:


Soy Melchor (409 palabras)


Mi nombre es Melchor y ya de pequeño, como soñador que soy, me encantaba que mi madre hiciera desaparecer de su mano un conejo. No sé cómo lo hacía, pero lo hacía y luego aparecía asado en nuestra mesa. Para mí era auténtica y mágica delicia. Después fui conociendo echadores de cartas, magos de pacotilla y toda clase de saltimbanquis y tragafuegos, todos ellos esclavos de los romanos que los utilizaban para su entretenimiento y venta como esclavos.
Yo nací en un pequeño pueblo del norte de Europa y mi procedencia se emparentaba con la sangre real de los pueblos godos, pero junto a mis padres migré hacia oriente, instalándonos en una pequeña aldea cerca de Latakia en Siria, bañada por ese azul Mediterráneo y esa fina arena que acariciaba mis pies, lugar desde donde, en las noches claras de verano me maravillaba contemplando aquel cielo estrellado, el cual no terminaba de entender. Tantas estrellas colgadas y agrupadas en diversas formas, en aquel inmenso y vasto universo. Y así fui creciendo y acrecentando mis conocimientos en alquimia, y astrología, ya no era esa magia de calle que no era tal, eran los conocimientos capaces de alargar la vida, mediante esa piedra filosofal que todo el poder tenía.
Una noche, siendo ya un anciano y no habiendo utilizado esa fuente de eterna juventud en mí, si no para alargar los años pero envejeciendo, tuve una aparición, era un ángel, un ángel venido del mismísimo cielo, de al lado de esas estrellas que a mi tanto me gustaba observar. Se me apareció y fue tan grande el miedo del momento que me quedé paralizado y sin poder pronunciar palabra. El fue quien habló.
-Dentro de treinta noches, el Rey de reyes nacerá en un portal de Belén y tú, malkî-ôr, rey de la luz,o Melchor de linaje real, junto a dos reyes más que encontrarás en el camino guiados por una gran estrella refulgente que convertirá vuestro camino nocturno, casi en día, os conducirá para que adoréis al Mesías y le llevéis los más exquisitos regalos. Tú le llevarás el oro.
Habrás de cargar todos los presentes en un camello y partir ya.
¿Yo, un rey, para adorar al rey de reyes? Qué inmensa gratitud sentí, cuánta paz. Y así fue, una gran estrella en el séptimo día nos reunió a los Tres Reyes Magos y nos guió hasta Belén de Judá donde aquella noche tendría inicio la tradición, la cual se cumple cada año hasta la fecha.


© José Luis Asensi 05/01/2022



miércoles, 29 de diciembre de 2021

Mañana será otro día

 Esta semana y para cerrar el año, Inma, del blog El Molí del Canyer, nos invita a participar en un relato que tenga en cuenta esos deseos que se piden o que se tienen en mente y no se llegan nunca a cumplir a causa de los miedos o tal vez la comodidad de esa zona de confort que tanto nos limita. Esos deseos que afloran más en ese fin de año.


Si os apetece leer más participaciones, pinchar aquí.


Esta es mi participación (443 palabras)


Mañana será otro día


Siempre ha sido así. Los miedos, esa zona de confort que nunca me ha dejado vivir. Siempre he soñado en ser paloma, pero ni siquiera he sido ave de corral.
-Mañana será otro día. Me queda tanto tiempo por delante!
Pero muchas mañanas juntas acaban agotando el saldo de la cuenta del tiempo.
Cuando quise emanciparme estalló la guerra, aquella guerra tan estúpida como son todas las guerras. Esa guerra rompió todos mis planes y me robó algunos años de mi vida.
-Ahora lo que quiero es salir de aquí, que termine esto, porque mañana será otro día. Aún soy muy joven.
Terminó la guerra y volví a casa después de haber luchado en aquel horrible campo de batalla lleno de muertos y mutilados en aquella primera guerra. Pero ya no me esperaban aquellos sueños que tenía.
Conocí a Rebeca. Sí, era guapa y con buena posición social, pero yo quería vivir primero una vida que hasta ese momento se me había y me había negado por miedo, miedo a ser libre e independiente, pero...¿Es que acaso la libertad no da miedo?. ¿O es la incertidumbre que provoca?. Tal vez estar en casa, con las comodidades aseguradas y con una novia provocó esa sensación de conformismo.
Qué inocencia la mía, o mejor qué torpeza. Así que me casé y fui padre de cuatro hijos.
Siempre quise viajar y nunca llegué a alejarme de casa más que para ir de vacaciones a otra jaula, un apartamento. Y así fueron pasando los años, y cada año un deseo en esa noche tan inoportuna como carente de sentido, donde el mundo o la vida propia parece que vayan a cambiar. Lo único que cambiaba yo, eran estrellas por un trozo de arena.
Me salieron oportunidades de toda clase, pero siempre decía que no a todo.
No vi mundo, no conocí más mujer que a Rebeca, no viajé más lejos de una playa cercana, no fui yo. Y ahora…
-Ahora te estoy contando todo esto, hijo mío, cuando estoy apunto de despedirme de ti desde un lecho donde no habrán más sueños ni estrellas, ni siquiera un puñado de arena. Sólo quiero dejarte un mensaje: que la vida es un riesgo en sí y no vivirla es la muerte de las ilusiones. No basta con pedir un deseo, hay que intentar cumplirlo libre de esa mala compañía que es el miedo. Y me despido de ti sin llorar porque ya no me quedan lágrimas ni para eso, ni más tiempo para quedarme aquí.
-Adiós, vive, se libre y valiente, explora, ten curiosidad por las cosas, ten sueños, pide deseos, pero no los dejes escapar, cúmplelos. Adiós.


© José Luis Asensi 29/12/2021

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Noche Buena, dentro y fuera

El blog de Mag, La Trastienda del Pecado, nos invita esta semana a participar en un relato que tiene que hablar de la Navidad y de su magia y de las sensaciones y  recuerdos que nos provoca.


La Navidad es magia, es volver por unos días a ser niño, algo que deberíamos intentar ser cada día del año, poder mirar las cosas con inocencia, sin juicios ni prejuicios, verlo todo con ese espíritu navideño que todo lo envuelve y con esos recuerdos que forman imágenes grabadas en nuestra mente desde ese mirar de personitas entusiasmadas.
-Vaya estoy en esos pensamientos y esos mismos rayos de sol que golpean sobre lo alto de las encaladas paredes del patio, vuelven a aparecer. Esos rayos que pronto darán paso a la Noche Blanca en una hora más o menos.
Estoy en ese patio que siempre recuerdo ahora de adulto, pero que no se desvanece en mi memoria. Todo en él es igual y es diferente, porque de nuevo es Noche Buena.
Sus enormes plantas, los gatitos que juegan graciosos y corretean sin parar...
-Voy a subir al granero a vigilar si están allí las algarrobas. Hay que alimentar a los camellos la noche de reyes. Qué recuerdos!.
-Baja José, que María te está esperando.
-María?. Con lo que me gusta a mi mi amiguita!.
-Voy, dile que bajo enseguida.
-¿Dónde está?
-Ahí en el portal.
De repente se encienden, poco a poco algunas luces, la noria se mueve y el agua empieza a recorrer el papel de plata que cubre el fondo brillante de pura alegría, la arena amarilla cubre ese desierto plagado de figuras, las montañas, los romanos, los pastores y el Belén.
Allí la veo con toda su belleza.
-Hola María!.
-Te estaba esperando José!. Se está haciendo de noche y la estrella brilla cada vez más. Todos esperan expectantes que juguemos debajo del portal.
-Canta el villancico, José.
-Cuál de todos, María?
-El de los peces.
Y yo empiezo a cantar, María con la pandereta alrededor del hogar. Calor de leña, frío de invierno en la calle, olor a humo, a pueblo, a juegos y a niños.
-Vamos, José a buscar a la pandilla.
-Qué Belén más grande este año! Exclamo yo.
-Y cada vez lo vamos a hacer más grande, contesta mi abuela. ¿Queréis un pastel de boniato, cada uno?
-Siiii.
-Y salimos a la calle a buscar a los amigos. Corremos, casi volamos de alegría, nos apetece jugar antes de que nos llamen para cenar. El paseo de todos los domingos está lleno. Parejas cogidas del brazo, niños jugando, gente que viene y que va con los últimos preparativos para la mesa.
-Allí están.
-Vamos a jugar.
-¿A qué jugamos?
-Vosotros sois los pastores y los reyes. Nosotros, María y José.
De repente, el tiempo que pasa volando y dentro de casa la cena preparada, y el Belén totalmente encendido. Y allí estamos nosotros en el portal, María y José.


© José Luis Asensi 22/12/2021


viernes, 17 de diciembre de 2021

La aventura

 Esta semana, Mónica, del blog Neogéminis, ha propuesto el tema de "pasar página" para el "relato juevero".

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Este es mi relato:


La verdad es que no me gusta demasiado pasar páginas. Las páginas forman parte del libro de la vida. Si pasamos tantas páginas, sin haberlas escrito del todo, nos quedaremos sin poder leer.
Y hablando de lectura. El otro día me compré un lector de libros, ahí caben un montón de ejemplares y por tanto diferentes y variadas temáticas.
A mí me gusta mucho la novela histórica. Un día, era ya de noche y la luz tenue, pero suficiente, de una lámpara de pie, me alumbraba sentado cómodamente en mi sofá y comencé a leer una novela que me transportaba por diferentes paisajes de España y Portugal con un curioso y simpático personaje, un elefante. Aquella novela me cautivaba y me hacía vivir toda aquella aventura de otra época. Tanto es así que, de repente me vi envuelto en una emboscada de unos asaltantes de caminos.
-Vamos rápido. Coged todo lo que podáis y si alguien se entromete, quitarlo del medio.
Me habían dado un golpe y dejado bastante aturdido, pero cual fue mi sorpresa, cuando me levante, saque mi espada y me enfrenté con aquellos enmascarados.
¿De dónde ha salido este? Oí que clamaba el bandolero que hacía de jefe.
-Interceptarlo. Lo quiero vivo!.
Me sorprendí a mi mismo trepando a un árbol con una agilidad felina, salvándome de momento, ya que aquellos asaltantes de caminos no estaban por la labor y querían escapar lo antes posible.
De repente sonaron unos golpes, los golpes de unos puños aporreando la puerta de casa, me levante, abrí y me encontré con que detrás de dicha puerta había un patio de una posada y unos hombres. No!!.No puede ser !!. Aquellos bandoleros otra vez, intentando entrar en ella.
-He de esconderme!
Pero ya era demasiado tarde. Me vieron y corrieron hacía mí. Entonces se abrió una trampilla debajo de mis pies y caí, caí como si no fuera a terminar nunca aquella caída. De repente me encontré en un cuartucho oscuro dentro de aquella prisión, una prisión de la Inquisición.
Qué trepidante! Cuánta acción! Era un no parar.
De repente entraron unos hombres, cuatro.
-Otra vez no!. Eran aquellos bandoleros convertidos en carceleros. Me miraron y sus carcajadas se oían resonando en las paredes. Era tétrico y nadie, nadie que me pudiera ayudar.
_Venga Julián, la pastilla de las 12 de la noche. Está usted hoy muy intranquilo, como librando alguna lucha con espada.
-Yo?. Eh, no, estaba…
-Y como no deje de asestar garrotazos con la escoba a la televisión lo meteremos en su cuarto para que no pueda salir. Primero entró aquí porque se comunicaba con los extraterrestres...Creímos que, poco a poco, iría dándose cuenta de su problema e iría pasando página para poder curarse, pero...
-Vosotros, malditos, asaltantes de corrales, dejadme en paz!.
-A la habitación con él!!

© José Luis Asensi 17/12/2021