jueves, 16 de septiembre de 2021

Una noche

 Esta semana Neogéminis desde su blog nos propone:

“propongo entrecerrar los ojos frente al teclado, suspirar profundo dejándose llevar por las alas de la imaginación y desplegar sin tapujos las artes de la IMPROVISACIÓN, buscando narrar una historia interesante desde el punto de vista literario de tema y características libres, intentando no sobrepasar las 350 palabras.” 

Para leer otras aportaciones pinchar aquí.


Este es mi relato que lleva por título “Una noche” (348 palabras)

Era un pueblo costero, un pueblo de mar de los que conservan sus tradiciones y por suerte su casco antiguo casi intacto, que es todo el pueblo, porque todo él es una auténtica joya, cada calle, cada fachada, cada soportal, cada puerta, cada llamador o aldaba. Calles que suben y bajan hasta y desde su castillo que se alza orgulloso de su historia en lo alto, presidiendo como un faro ese inmenso azul con blancas velas que lo surcan cual pintura a manos de un pintor que se quedara prendado. Cada calle con sus plantas a la puerta, blancas, resplandecientes, encaladas. Calles de luna y estrellas en las noches, gente que viene y que va, contenta, alegre, y de su iglesia las campanadas.
Hoy es una noche de verano, pero no una noche cualquiera, es una noche de fiesta, mágica, encantada, hasta en el aíre se respira no sólo el aroma de jazmín, de galán de noche o de acacias. También hay algo que anuncia que será una noche especial.
Hay verbena en la playa y todos los jóvenes y las chicas más guapas del pueblo se han acercado hasta allí. Unos bailarán, conversarán y reirán en grupo y otros, los más afortunados, tal vez encuentren esa noche el amor, ese primer escarceo amoroso u otra experiencia más de juventud.
Allí estaba ella, allí con sus ojos de océano inmenso, y luceros en su cabello, piel suave como la seda, una figura modelada al sol… Allí estaba ella vistiendo su minifalda, con marfil en su sonrisa y el hechizo en su mirada. Me acerqué, nos miramos, nos sonreímos y el recuerdo se hizo dueño de mi mente. Han pasado muchos años, pero aún recuerdo esos besos, esas caricias, la pasión que nos mecía, cómo alcanzamos el cielo juntos y esas palabras de fuego susurradas. Yo fui ella y ella yo, los dos nos fundimos en un mismo mundo, con un universo de testigo amartelado.
Esa fue una noche mágica, en un pueblo precioso, con la chica que me gustaba. No sé si fue amor, pero sí una noche enamorada.

© José Luis Asensi    16/09/2021

jueves, 9 de septiembre de 2021

Un agradecimiento sincero

Agradecimiento sincero

¿Agradecemos de corazón las cosas o simplemente lo hacemos por quedar bien? es la propuesta para el relato de esta semana desde el blog de Dorotea “Lazos y Raíces”. Como siempre, una de las normas es no sobrepasar las 350 palabras

Para poder leer más aportaciones, pinchar aquí en este enlace:
“Lazos y Raíces”


349 palabras

El agradecimiento es una parte muy importante de ese sentimiento tan bonito que aparece cuando alguien ha hecho algo por nosotros, cuando sencillamente nos escucha con empatía ante algún problema, ante las muestras de afecto o de amistad y muchas otras cosas, como poder levantarse cada día y contemplar un nuevo amanecer o un dorado atardecer, o cualquier otro regalo con el que la vida nos obsequia.
Hay un dicho que dice “Es de bien nacidos, ser agradecidos” Y es verdad.
Yo por mi parte, siempre he sido agradecido y así lo he manifestado y lo manifiesto siempre, al igual que manifiesto mi desacuerdo, o no me apetece hacer un favor innecesario o quiero mostrar mi disgusto. De esa manera me siento bien, porque es la manera de ser uno mismo y hacer o decir algo con sinceridad.
Y hablando de agradecimiento, le estoy profundamente agradecido a mi abuelo, el cual me enseñó a amar la naturaleza y la música, a ser esforzado en el trabajo, a ser una persona honrada y a llorar sin ninguna vergüenza ni tapujos cuando me emociono.
Recuerdo a mi abuelo sentado en una mecedora los domingos, escuchando el concierto de RNE y recuerdo verlo llorar emocionado a lágrima viva. Lo recuerdo enseñándome a amar lo más preciado que tenemos y somos, la naturaleza. Recuerdo su bondad. Recuerdo cuando me llevaba a pasear al campo en sus hombros, pues tenía cuatro añitos. Recuerdo  cuando en el patio de tierra me enseñaba a sembrar, regar, cuidar y comprobar el milagro de la vida a través de las plantas. Recuerdo tantas cosas…
Por ello le estoy profundamente agradecido. Antes se lo agradecía con amor, y ahora se lo sigo agradeciendo acordándome de él y de todas esas cosas que me inculcó, poniéndolo en práctica cada día, porque el amor más grande al cual estoy entregado es la naturaleza. Y como buen montañero que soy, cada vez que atravieso esos maravillosos senderos me acuerdo de él y agradezco a la vida, a la Creación o a esa poderosa energía, la maravilla que pueden admirar mis cinco sentidos.

© José Luis Asensi    09/09/2021

jueves, 2 de septiembre de 2021

Cómo pasa el tiempo...

 Cómo pasa el tiempo...

(Mi participación en los “Relatos Jueveros” del día 02 de Septiembre, organizado esta semana por Inma del blog “El Molí del Canyer”
La propuesta es escribir un relato de 350 palabras como máximo y que el relato verse sobre el tiempo. Jugar entre pasado o futuro y el presente.
Hacer click aquí para poder leer todas las participaciones.

337 palabras


Qué momentos tan felices viví en aquella casita del campo. No tenía más de  veinte metros cuadrados, pero suficientes para disfrutar de aquel regalo de la naturaleza, del verano y sus chapuzones, de los juegos, de las travesuras... Recuerdo aquellas luciérnagas que iluminaban la noche. Y de vez en cuando me viene a la cabeza aquel gusano de múltiples colores, grande, gordito, paseando tranquilamente por una ramita, parecía un “Gusiluz”
-Mama, mira que gusano tan grande, y que bonito!
-Serán imaginaciones tuyas, juega pero no te hagas daño.
Tengo muy bonitos recuerdos, eran tiempos de infancia. ¿Y aquellas tormentas de Agosto? Espectaculares, en un momento limpiaban el aíre entonces bastante puro, pero aún lo oxigenaban más. Ese olor de tierra mojada, qué delicia y luego el arcoíris con sus colores atravesando el cielo.
-Venga, adentro de casa que te estás empapando. Ya verás como vuelves a enfermar de las anginas!
-No quiero, que me gusta mojarme!
Vaya, otra vez a limpiar el coche. El clima ha cambiado, ya no es lo que era, y aquel aíre tan puro es todo polución. Está lloviendo y cae arena, y a mí que me gusta mojarme, me tengo que esconder. Ya no se sabe lo que puede caer...
Era de noche y estaba viendo los espectáculos que hacían en las fiestas de mi pueblo. Era mitad de Agosto y por la noche había que ponerse una rebeca de esas finitas encima del polo, porque… qué fresco mas bueno hacía a partir de mediados del mes. Qué bien se podía dormir.
Qué barbaridad, estoy sudado, la sábana está empapada, no puedo dormir y ya estamos a primeros de Septiembre, y mañana he de ir a trabajar.
Lo que decía, me muero de sueño. Pues nada a aguantarse, esta noche a dormir… o no.
Cómo pasa el tiempo, ya estamos en el 2050, hoy es mi cumpleaños, el día amenaza tormenta, pero ahora ya no llueve. No llueve ni siquiera arena. Cómo ha cambiado el clima, y cómo han pasado los años.

© José Luis Asensi    02/09/2021

jueves, 26 de agosto de 2021

El pintor

 El pintor (338 palabras)

(Mi participación en los “Relatos Jueveros” del día 26 de Agosto)
Esta semana convocados por el blog del “Demiurgo de Hurlingham” el tema propuesto es escoger una imagen pintada por él mismo y escribir un relato sobre lo que nos sugiere la imagen escogida. El máximo de palabras, como siempre es de 350.
Yo he elegido esta imagen.



Pinchar en la imagen para leer más participaciones





Él era un pintor, un pintor de desnudos de poca monta que vendía sus dibujos y sus pinturas en mercadillos de tres al cuarto de la ciudad.
Al ser algo vicioso y entegado a la bebida, siempre frecuentaba esos lumpénicos y sórdidos lugares donde entrar ya formaba parte de un heroísmo desmedido, casi suicida. Tal vez buscaba algo más que diversión, algo más que evadir su triste vida...Y por eso estaba destruyendo su juventud y el poco dinero que le quedaba.
Él había sido rico, hijo de una familia de posibilidades, pero un día decidió dedicarse a la pintura, y bien es cierto que al principio todo iba sobre ruedas, tenía éxito, era atractivo y disfrutaba de todo ello. Algo lo arruinó todo, las malas lenguas dicen que fue por una mujer…
Él conseguía sus modelos en esas tabernas con olor a tabaco, decadencia y absenta.
Allí la vio a ella, cabellos rojos como llamas del infierno lucia en su melena. Una seductora que dominaba  y provocaba rencillas y peleas entre todos los alucinados que la pretendían, una noche o tan sólo un rato en esas calles de luna marchita.
La conoció y la llevó a su “estudio” por decir algo, aquel cuartucho de d muñeco inerte,os metros cuadrados, impagados de aquella buhardilla.
Empezó a pintarla como si a cada pincelada creciera en él una pasión desconocida y al mismo tiempo inquietante. Y llegó el momento en que acabado el cuadro pudo probar las mieles de su piel y algo más. Esa tarde se acostaron, hicieron el amor y así estuvieron abrazados hasta entrada la media noche. El se removió inquieto, ella le clavo sus colmillos en la yugular y ahí acabó su vida. Ella, la mujer de los cabellos del infierno lo había liberado de su peso, alimentándose de su sangre y dejando un muñeco inerte sin la suya. Inerte y envejecido. Así fue encontrado y así más de un borracho lo vio vagar por aquellas calles a pesar de haber muerto, en busca de alimento y de víctimas.

© José Luis Asensi    26/08/2021


jueves, 19 de agosto de 2021

A veces hay casualidades...

 A veces hay casualidades…    323 palabras.

(Mi participación en el “Relato Juevero” del día 19 de Agosto en el blog de Mag
“La Trastienda del Pecado” donde nos propone el desafío: “Yo estaba allí”
Pinchando en el nombre del blog podéis acceder a él.


Yo estaba allí, entre la gran multitud. Era un día muy caluroso y húmedo del mes de Junio. De esos días pegajosos que te empapan la ropa de sudor, y la gran afluencia de gente, aún caldeaba más el ambiente. La comitiva compuesta por seis coches se desplazaban por la ciudad ajenos a lo que estaba a punto de suceder.
A las diez de la mañana, un estruendo inesperado sorprende a las personas que esperaban a la comitiva cerca del puente, primero la normal confusión, luego pánico y carreras, pero el principal objetivo del atentado sale ileso, la bomba había errado su trayectoria, pero habían resultado heridas diez personas. Lo que nadie esperaba es que treinta y cinco minutos más tarde y tras un grave error y una gran casualidad, se produciría otro fatal acontecimiento.
La gente congregada gritaba, vitoreaba, aplaudía, bajo aquel sol de justicia. Yo me encontraba en esos momentos bebiéndome un refresco en un bar de la Calle Francisco José, al lado de alguien que me parecía muy sospechoso. Era un joven al que se le notaba muy nervioso, sudando más de la cuenta. Estaba comprando un bocadillo y en el momento de ir a pagar se le cayó el dinero al suelo. Se agachó para recogerlo y al hacerlo se le abrió un poco la americana, lo justo para dejar ver aquella pistola que llevaba escondida.
Salió a la calle y yo le seguí. De pronto se quedó blanco al ver acercarse el coche, era su objetivo y el de su arma. Me pegué a él y cuando de pronto decidió sacar la pistola y disparar, desvié su mano hacía el claro cielo azul. Dos disparos sonaron, pero así es como evité el asesinato del archiduque Francisco Fernando y su esposa. Aquel joven de nombre Gavrilo Princip, militante del grupo terrorista “La Mano Negra” fue detenido y de esa manera fue evitada la Primera Guerra Mundial.

© José Luis Asensi    19/08/2021

jueves, 12 de agosto de 2021

Gatos

 Gatos

(Mi participación en el “Relato Juevero” del día 12 de Agosto organizado por Dorotea, en su blog “Lazos y Raíces“)
347 palabras

Tengo calor y me levanto a beber agua, y mi gato que está persiguiendo una bolita de papel, se queda mirándome de una forma curiosa.
-Ya viene a estorbar mi juego, y además tiene que encender la luz. Ni pueden ver en la oscuridad. Tan perfectos que son estos seres que andan levantados sobre sus dos patas traseras. Ridículo, ellos diferentes a los demás.
-Deja de hacer ruido, que es hora de descansar.
-Ya está, ese lenguaje incomprensible. Si con los gestos se les ve venir. Y no es más fácil decir Miauuu. En fin qué se le va a hacer. Lo que hay que aguantar para que te den de comer…
Vuelvo a la cama y mi gato viene haciendo regates a diestro y siniestro, hasta llegar con la pelotita de papel. A qué mala hora le habré hecho la dichosa pelotita.
-Venga, ya está bien.
Me levanto y recojo el papelito de marras.
-Ya está el aguafiestas! Miauuu.
Pero el minino se inventa otro juego. Ve una mosca que ya está en las últimas y la persigue por el suelo y algún que otro salto cuando trata de elevarse.
-Pero qué vista tienen estos animales! y más en esta oscuridad. Como andara yo por ahí así, podría tumbar la pared de un cabezazo.
Cojo el insecticida e intento liquidar a la mosca. Al final cae panza arriba después de tanto darle al spray, casi caigo yo envenenado.
Cojo al gato y lo encierro en la habitación donde tiene la comida, el agua y su cubeta para hacer sus necesidades.
Al rato oigo un ruido y un Miauuu.
Me levanto enfadado, abro la puerta y el gato malabarista que se ha subido arriba del armario de los trastos, a oscuras, lanzando abajo todo lo que puede mover.
-Vaya noche me estás dando. Bueno, pues ahí te quedas.
-Miauuu, Miauuu.
Cierro la puerta, apago la luz y me pego un resbalón que casi paso la mopa al pasillo entero.
Ya harto, me voy a la cama, me pongo tapones en los oídos y me acuesto.
-Miauuu, Miauuu.

© José Luis Asensi


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jueves, 5 de agosto de 2021

Un cigarrillo y un sombrero

 Un cigarrillo y un sombrero

 

 (Mi participación en el “Relato Juevero del día 5 de Agosto en el Blog de NeoGéminis) 326 palabras.

La semana pasada, al volver de noche por la oscura y estrecha calle de siempre, atisbé a ver en el portal número trece y entre las sombras del mismo, a alguien de quien sólo podía adivinar, el ala de un sombrero y el humo que salía de un  cigarrillo encendido. Lo demás... Una carcajada que me sobresalto y unas palabras ininteligibles.
Esa imagen y esa risa se quedaron grabadas en mi mente.
Anoche al entrar en mi portal e intentar encender la luz, una mano enguantada agarró la mía con fuerza. La misma risotada, las mismas palabras.
Por la voz, era una mujer de edad indefinida. También puede oír sus palabras.
-He venido a buscarte desde muy lejos.
-A mí, por qué?
-He venido para llevarte al lugar de donde vengo.
-Yo no voy a ir a ninguna parte. No te conozco.
-Ya lo creo que sí. Me conoces desde siempre.
-Volveré en dos días a la misma hora, esta vez en tu apartamento.
-Tu no tienes llaves.
No hubo respuesta. Desapareció en la oscuridad con su cigarrillo encendido y el humo que salía de este.
Me compré un arma diminuta. Una Kolibri de coleccionista con su correspondiente munición. Estaba asustado y quería poder defenderme llegado el caso.
Y así fue. A las doce en punto, aquella sombra, aquel humo del cigarrillo, aquella ala del sombrero, aparecieron en mi apartamento.
-Estás preparado para el viaje?
-No voy a ir a ningún viaje.
-Sí, si que vendrás.
Tenía la pistola escondida en la palma de la mano y disparé, dos veces, dos disparos.
-No te preocupes, no me puedes matar.
-Por qué no te puedo matar?
-Porque no existo. Sólo estoy en tu imaginación.
Entonces caí, caí mal herido.
Los periódicos locales del día siguiente, daban la noticia:
“Hombre, probablemente asesinado en su apartamento. A un vecino le pareció ver la sombra de una mujer saliendo del apartamento. Había una colilla manchada de carmín en el suelo”

© José Luis Asensi    05/08/2021