sábado, 12 de junio de 2021

La mirilla

Hace un tiempo que renové un poco el apartamento,cambiando muebles y algunas puertas ya un poco viejas, entre ellas la de la entrada.
Era bastante habitual el sonido de alguna persona que prefería subir o bajar por las escaleras, o el cartero que llamaba al interfono para poder dejar las cartas.
Un día se empezaron a oír unos ruidos extraños, lo cual propiciaba mirar por la mirilla.Y eso hacia cada vez que ese sonido aparecía por la escalera. Miraba y nada, nada que no fuera normal, la escalera vacía y nada más.
Así sucedió durante algún tiempo, hasta que el ruido cesó. Un día llamaron a la puerta, miré primero antes de abrir y no vi nada, bueno sí, un pasillo con algunas plantas que conducía a un salón bastante luminoso. En principio me quedé extrañado, pero no quise comentar nada por si me tomaban por loco. Tal vez era mi imaginación o  alguna alucinación producto de aquel ruido que había desaparecido, pero que había quedado grabado en mi cabeza.
A los pocos días volvió a suceder lo mismo y de nuevo la imagen de aquel pasillo con plantas que daba al luminoso salón. Una imagen que me era habitual, casi familiar.
Así ocurrió durante varias veces. Pero un día, horror!! Me quedé petrificado, no podía huir, ni gritar. Al mirar por aquella mirilla, ya no veía sólo aquel pasillo, aquellas plantas y aquel luminoso salón. me veía a mi mismo mirando desde dentro de mi casa, desde aquel pasillo con plantas que daba a aquel luminoso salón. Era yo, era mi casa y aquella mirilla...que miraba hacia el interior.

© José L. Asensi   12/06/2021

 

viernes, 4 de junio de 2021

Aquel sofá

 Cuánto me gustaba aquel sofá! Tantas siestas, tantos sueños, tanta música escuchada,
tanto descanso...
Era mi sofá preferido y aquel día estaba sumido en un profundo sueño. Estaba tranquilo, feliz en ese mundo onírico en el que, cuando despiertas no recuerdas nada, sólo experimentas esa sensación plcentera de haber descansado a gusto. Pero en un momento determinado, entré en un sueño extraño. Estaba en un campo de batalla, todo eran bombas, estallidos, heridos, balas a mi alrededor. No formaba parte de ningún bando de los contendientes, pero estaba al medio y las balas pasaban silbando a mi lado. Era terrible tanta destrucción y tanto peligro. Era un tiempo pasado, lo sé por la vestimente militar, de al menos cien años. De repente desperté sobresaltado y sudado, pues me di cuenta que hacía calor. Me quité la fina colcha que me había colocado encima y me volví, al momento, a quedar dormido. Y ya todo transcurrió sin ningún nuevo incidente.
A los pocos días volvía a utilizar el sofá y esta vez para descansar y hacer la siesta. Cuando me quedé dormido, empecé a soñar de nuevo, esta vez era una época futurista: trajes espaciales, cabinas de teletransportación, robots que hacían el papel de los humanos y otra vez una guerra entre humanos, humanoides, robots, alienígenas y yo en medio de disparos de armas laser y de desintegración total. Era como un espectador que no actuaba ni podía hacerlo, sólo mirar. Y así fue todo el sueño hasta que desperté.
Un día paseando por las afueras de mi ciudad y después de largo rato,
me eché debajo de la sombra de un árbol, sobre la hierba a descansar. Conducido por el silencio, la suave brisa y el canto de algún pajarillo,
me quedé dormido. Y empezó un sueño que se convirtió en pesadilla macabra, en la cual corría por la calle, entre bombas y gente muriendo, pero muriendo no sólo por las deflagraciones si no por un virus que estaba asolando los países a nivel mundial. Vi a gente portando mascarillas que corría asustada por las bombas y las balas, pero aún más por el contacto con los demás.
Pregunté que ocurría que la gente se cubría boca y nariz con mascarillas y se quedaban mirándome atónitos, pero más atónito estaba yo, parecía una copia de la realidad actual. Me acerqué a un dispensario improvisado donde se hacinaban las camillas separadas por sábanas a modo de separación y pedí una mascarilla, la cual me proporcionaron con la consiguiente reprimenda por no llevarla. Quise explicarme pero no era hora de explicar nada, sólo de intentar huir de aquella pesadilla y ponerme a salvo. Un trozo de periódico, escrito en Inglés, de aquella época medio tapado entre escombros me dio la respuesta. Era la Primera Guerra Mundial y una pandemia, la del virus influenza virus A subtipo H1N1  o más conocido como Gripe Española, que mató a cincuenta millones de personas en todo el mundo, tres veces más que la propia guerra. Era desolador, tenía ansiedad y no podía respirar. De repente desperté en el sofá de mi casa. Había sido otro sueño desde mi sofá favorito? No, la respuesta estaba en mi boca, desperté con una mascarilla en la boca y no era como las que utilizamos ahora. Si no había sido un sueño... Qué había ocurrido? Y otro extraño detalle, si el trozo de periódico estaba escrito en Inglés...Por qué me habían hablado en Español si ni España ni América Latina participaron en la contienda?

© José L. Asensi     04/06/2021


sábado, 29 de mayo de 2021

La vecina de enfrente

 Hace poco que me mudé a este piso, un piso espacioso y luminoso de un barrio de las afueras de La Raya. Siempre tenía la sensación de que, cada vez que me asomaba a la ventana, alguien me observaba a mi desde detrás de las cortinas del piso de enfrente. Era un edificio antiguo y algo destartalado. Cada día el mismo ritual, parecía que ese alguien adivinaba cuando me iba a asomar yo a la ventana.
Un día, bastante oscuro y nublado, de repente la vi cruzar rápido de una parte a otra, una figura furtiva de una mujer que parecía bastante mayor. Me quedé pensativo mirando pero sin que volviera a aparecer.
Al volver de trabajar me crucé con la vecina de al lado y le pregunté por la extraña habitante del piso viejo y en apariencia abandonado, a lo que me contestó que era uma mujer que había vivido hasta poco antes de mudarme yo, en un piso de esta finca, pero que se cambió enfrente no se sabe bien por qué. Que era una persona de mediana edad muy amable. Eso no coincidía con aquella figura ajada por la edad y que se movía con lentitud.
Una semana después al levantarme y descorrer la cortina, la vi, estaba observándome fijamente, no se movía y de repente pude ver su cara. Una cara esquelética, demacrada, sin sonrisa. No podía ser, habría sido una confusión, una alucinación, un producto de la imaginación, posiblemente la idea de ser observado me estaba obsesionando y me empezaba a pasar factura.
Me preparé un buen desayuno y salí a pasear. Era un día festivo , aunque nublado. Era como una coincidencia. Siempre que aparecía esa figura el día era oscuro y gris.
Cuando volví a casa me apresuré a mirar desde detrás de la cortina y esta vez, nada, no había nadie.
Me puse a ver mi programa preferido y al terminar volví a descorrer la cortina y mirar. Horror!!
Allí estaba aquella figura mirándome de forma burlesca. Quise gritar, pero no pude y al momento ya no estaba.
Salí, llame al timbre de la vecina y le volví a preguntar, siendo ella la que me inquirió a mi ante tanto interés. Le dije que no era nada y me fui a mi piso, cerré y decidí olvidarme del asunto, pero cada vez esa imagen era más insistente y la obsesión más persistente.
Había pasado medio año ya y aquello se había convertido en un ritual. Cada día más fuerte era la obcecación, hasta el punto de que no me dejaba en paz. No dormía ni comía bien, no podía concentrarme en otras cosas y hasta en el trabajo se notó esa falta de rendimiento.
Un día decidi cruzar la calle y presentarme en aquel piso del edificio de enfrente. Llamé al timbre y me contestó la voz de una mujer de mediana edad muy amable. Me abrió la puerta y se asomó buscando alguna presencia, a ese alguien que había llamado a su puerta.Era como si no pudiera verme ni oírme,ya que le estaba hablando, diciéndole quien era yo. Ni caso cerró y yo me fui más pensativo y abrumado.
Volví a mi piso y me serví una copa de vino, encendiendo la música para relajarme. Así lo hice y me sentí fenomenal. Al cabo de unas dos horas empecé a vestirme pues había quedado con una vecina a la que había tropezado varias veces en el ascensor y habiámos hecho amistad. Intenté ponerme delante de un espejo que aún no había utilizado desde que llegué y que estaba cubierto por un guardapolvo. De repente solté un grito horrorizado por lo que veía o mejor dicho por lo que no podía ver, mi imagen. No se refejaba en aquel espejo. Salí corriendo al pasillo y la vecina a la que le pregunté por la inquilina del piso de enfrente, ya estaba afuera. Me pregunto con una sonrisa maliciosa:
-Qué ocurre?.
-Pues que me he mirado en un viejo espejo que había en el piso y no puedo ver mi imagen reflejada en él.
-Y qué esperabas? En esta finca, todos los que vivimos,incluido tú, no nos reflejamos en los espejos. Y la mujer de enfrente no nos puede ver. Sabes por qué, o aún no te has dado cuenta?
Estamos todos muertos!!

©  José L. Asensi      29/05/2021



sábado, 15 de mayo de 2021

Un extraño suceso

Era tarde, sobre las dos de de la madrugada más o menos y volvía a mi casa después de cenar con unos amigos que no veía desde hacía bastante tiempo y con los que quedé despues del trabajo. Comimos una cena respetable, bebimos un buen vino, y estuvimos charlando desde las ocho de la noche que habiamos quedado hasta  ponernos al día de todo ese tiempo transcurrido. Después cada cual tuvo que ir marchándose a su casa a descansar.
Conducía despacio, no tenía demasiada prisa y después de tan opulenta cena y el cansancio de un día intenso de trabajo, hubiera sido más sensato descansar un poco, pero iba camino de casa con sumo cuidado.
Era una noche serena, clara, brillante de luna llena. Sonaba en el reproductor del coche “Blue Moon” en la versión de The Marcels. A veces me gusta escuchar esa clase de música surfera y refrescante, aunque sea música de otra época, pero las canciones que gustan nunca pasan de moda. Y así me mantenía despierto y despejado.
La carretera estaba solitaria, no pasaba nadie por allí y de repente sucedió algo inesperado, la música se interrumpió bruscamente, la luz de la luna brillaba con más intensidad, al menos eso era lo que yo creía, y el coche comenzó, poco a poco, a detenerse. Yo estaba igual de tranquilo que aquella serena noche y me quedé sentado en la cuneta mirando que le pasaba al reproductor, pero todo estaba aparentemente bien, nada extraño. Entonces vi unos círculos en el cielo que aparecían, desaparecían, se acercaban y se alejaban detrás de una gran nube. Desaparecieron y todo volvió a la normalidad. Puse el coche en marcha y seguí, eso sí, sin la música,la cual ya no pude volver a hacer funcionar.
Cuando llegue, abrí la puerta del jardín y entre el coche, cerré y apagué las luces, entonces, de repente, algo saltó por delante de mi. Me pareció como si hubiera salido de algún arbusto aleteando, tal vez un ave nocturna asustada, y hubiera emprendido el vuelo. Sólo fue un susto.
Abrí la puerta, subí al piso de arriba y comencé a desvestirme para ir a la ducha, entonces vi que tenía como una quemadura en la piel a la altura del pecho, sin embargo en la camisa no había ni rastro. Así que me metí en la ducha, me cepillé los dientes y me fui a la cama, quedándome casi al instante dormido. Al poco rato empecé a soñar con todo lo ocurrido durante la noche. De repente un estruendo grandísimo me hizo despertar, me incorporé de un salto y me puse a mirar a través de la ventana. Había caído  un árbol y había destrozado el cobertizo de la leña y los trastos.
Estaba cansado y no tenía ganas de bajar, así que volví a la cama y me volví a quedar dormido. A las dos horas más o menos otro estruendo, está vez se había derrumbado la valla del chalet. Encendí las luces de afuera, abrí la ventana, miré y a parte de eso y alrededor no se veía nada anormal. Yo seguía con el empeño de continuar durmiendo, cada vez estaba más cansado y de noche no podía resolver gran cosa. Me acosté y me volví a dormir enseguida. Y así estuve hasta las diez de la mañana sin más incidentes.
Hacía un día radiante y soleado, bajé a prepararme el desayuno y cuál no fue mi gran sorpresa, cuando vi que la cocina había desaparecido bajo los escombros casi por completo. Salí al jardín atropelladamente y al ir a abrir la puerta se derrumbo delante de mi sin tener que lamentar ningún daño en mi persona ya que cayo hacia afuera.
El panorama era desolador, no había ni un árbol en pie, el suelo todo agrietado en todas direcciones y las casas del vecindario de la urbanización habían desaparecido convertidas en escombros, parecía como si hubiera habido un ataque nuclear. Entre al garaje y estaba casi intacto, el coche sin un rasguño. Lo abrí, me senté en el asiento e intenté poner la radio, el caso es que funcionó al instante. Busque una emisora y la primera que pude localizar estaba anunciando que la ciudad había desaparecido bajo el efecto de lo que suponían un extraño terremoto que se había producido durante la noche. Y dijeron extraño, porque al momento anunciaron que se habían avistado varias naves en forma circular en distintas zonas de la ciudad y en varios kilómetros.
Esas eran las noticias y ese el extraño suceso del que extrañamente apenas me enteré y es que la excesiva cena, el gran cansancio y el sueño atrasado que llevaba encima pueden mantener a una persona alejado hasta de un terremoto destructor o lo que fuera, porque las manchas rojas en el pecho en forma de quemadura estaban ahí y la incógnita también.

© José L. Asensi    15/05/2021


viernes, 7 de mayo de 2021

Un grito en mitad de la noche

 

Había sido un día agotador y hacía casi dos horas que me había ido a la cama, por lo que estaba, como se suele decir, en el quinto sueño, pero de repente el silencio y lo apacible del momento se vio quebrantado por un espantoso grito que me hizo saltar de la cama con los pelos como escarpias. Intenté salir tan rápido de la habitación que casi tumbo la puerta medio cerrada. El próximo paso un poco atribulado,fue intentar encender la luz del pasillo. Y digo intentar porque la luz no se dio por aludida y todo permaneció sumido en una gran oscuridad. Me acerqué como pude al salón que da a la calle y subí un poco la persiana, pero ni siquiera se podía ver la calle, parece que era un corte de luz general y la luz de la calle brillaba por su ausencia. Sea como fuere no se oía nada, ni rastro de aquel espeluznante grito, pero qué susto no me llevé cuando mi perrito, un Schnauzer enano, apareció de la nada entre las cortinas y de un salto colocó sus patas sobre mis rodillas. Lo acaricié, bebí un vaso de agua, me tranquilicé un poco y me fui a la cama, pero cuál fue mi sorpresa y mi espanto al comprobar que yo estaba acostado en aquella cama. Entonces, quién soy yo y quién el que está de pie observando? Lancé un grito terrorífico y fue entonces cuando me desperté por primera vez. Todo había sido una pesadilla fruto del estrés y del cansancio.

 

© José L. Asensi              07/05/2021